Dificultades en la comunicación jerárquica
AUTOR(A): Jose Enebral Fernandez TEMA:
A pesar de la formación que se orquesta para mejorar la comunicación en las empresas, ésta sigue constituyendo una asignatura pendiente en muchos casos. Cabría sin duda mejorar tanto la comunicación con el exterior como la interna, pero quizá las dificultades se hacen más visibles en las relaciones jerárquicas; unas relaciones que también se impregnan de la cultura corporativa, del estilo de dirección de la empresa. Comunicarse mejor contribuiría, como sabemos, a la efectividad y la satisfacción profesional; pero encaramos ciertamente barreras culturales arraigadas.
Aunque todo es bastante más complejo, podríamos aceptar que dos personas se comunican cuando, con propósito generativo, se transmiten información que perciben con atención, acompañando claves para interpretarla debidamente. Sin duda, junto a la sintonía cognitiva, cabe esperar también una dosis de empatía emocional, de modo que quienes realmente se han comunicado han dejado cierta huella unos en otros… Claro, cuando no hay confianza, intereses u objetivos comunes, etc., no cabe esperar que exista una buena comunicación, y esto pasa en no pocas relaciones interpersonales, incluidas las jerárquicas en las empresas.
Quizá, más de un lector se comunicará mejor con su perro o su gato, que con su jefe o alguno de sus subordinados y colegas, y se pensará que aquí interviene más el afecto y la confianza que el lenguaje verbal. Claro que, ¿es la comunicación consecuencia del afecto, o al revés? En la empresa sería bienvenida una mayor dosis de afecto, o al menos de empatía, de sonrisas… Son, lo sabemos bien, diferentes factores los que afectan a la comunicación, más allá del necesario lenguaje. Los seres humanos disponemos en efecto de un rico lenguaje, pero no siempre lo utilizamos debidamente: aparte de un déficit de habilidad, puede haberlo de voluntad real de comunicarse.
Ya Confucio destacaba la importancia del lenguaje en las organizaciones y, efectivamente, los ejecutivos y directivos parecen querer dotarse a menudo de un lenguaje propio, a buen fin o a fines diversos. En unas empresas se orquesta un lenguaje específico al servicio de la profesionalidad, la sinergia y el alineamiento de esfuerzos tras la metas, y en otras y a veces, al del alienamiento o manipulación, vinculado quizá a doctrinas y liturgias ad hoc. Hay desde luego directivos sinceros, pero es verdad que algunos otros, hablando en público o privado, evidencian en ocasiones que no se creen lo que están diciendo, sin ser tal vez conscientes de ello. (La única vez que pude escuchar a Tom Peters —fue aquí en Madrid—, aludió a la falta de sinceridad de los directivos en sus manifestaciones públicas, especialmente al hablar de los trabajadores).
Todos, en cada contexto, deberíamos otorgar un significado similar a términos como “capital humano”, “inteligencia”, “empowerment”, “estrategia”, “comunicación”, “calidad”, “orientación al cliente”, “liderazgo”, “trabajo en equipo”, “excelencia”, “objetivos”, “innovación”, “proceso”, “valor”, “competencia”, “profesionalidad”, “responsabilidad”, etc., pero, si ya nos dispersamos al interpretar estos buzzwords, en mayor medida lo hacemos, quizá, al utilizar etiquetas y términos más particulares de cada cultura corporativa. En todo caso, habríamos de ser todos coherentes con lo que queremos decir, para lograr los efectos deseados.
Además, al relacionarnos no activamos siempre la atención (mindfulness) en suficiente medida. A menudo tenemos la cabeza en un lugar o asunto distinto del que aparentamos, y al final no sabremos si nuestra vida ha sido lo que nos ocurría en cada momento, o lo que pensábamos mientras: sí, quizá morimos sin haber vivido realmente nuestra vida… Por ello y en la empresa, más que gestionar mejor el tiempo, tal vez deberíamos gestionar mejor la atención y la conciencia, pensar más y mejor, en beneficio de la efectividad y la satisfacción profesional.
Mi opinión personal sobre las “dificultades en la comunicación jerarquica” se basan en la confianza que se genere entre directivos, subordinados y colegas o compañeros de trabajo, normalmente entre algunos cargos existen rivalidades que se evidencian claramente en la comunicación y en la manera como esta se utiliza positiva o negativamente la misma. Desde el punto de vista Jefe, Subordinado, es normal encontrar que existe una barrera de entrada o en la comunicación, la cual pasa de ser respeto en muchas ocasiones a convertirse en temor, lo que no permite que los colaboradores puedan aportar nuevas ideas o proyectos a la organización.
ResponderEliminarEs tarea entonces de toda organización trabajar constantemente en el mejoramiento de la comunicación en todos los niveles, solo de esta forma se podrá lograr un verdadero trabajo en equipo y no una participación de partes en un todo, más bien una integración en logro de objetivos comunes.
Es importante que los altos directivos logren crear un sentido de pertenencia y amor a cada colaborador por lo que hace en su empresa, igualmente, motivar a que exista un respeto mutuo, empatía y afecto entre los colaboradores, esto solo es posible lograrlo si existe una comunicación coordinada y directa, motivación y reconocimiento, esto traerá como resultados un alineamiento de los esfuerzos y logro de metas organizacionales.